Semana Santa en La Pedraja de Portillo

Muchos son los pueblos y ciudades que alardean con la antigüedad de su Semana Santa y ser sus cofradías pioneras de las procesiones de esta festividad cristiana. La Pedraja de Portillo bien pudiera presumir de ello, aunque también es cierto que poco a poco, y por causas diversas, fueron desapareciendo en el tiempo algunas de estas celebraciones de su devoción popular durante la Pasión.

UN POCO DE HISTORIA

Las primeras procesiones de las que tengo constancia en esta localidad se celebraron en el siglo XVI por los hermanos de la Cofradía Penitencial de la Vera Cruz. En el año 1563, según su acta fundacional, tomaron por arma y bandera “el sanctissimo árbol de la Cruz de los disciplinantes».

Reproducción de la ilustración de la portada del Libro de la Cofradía de la Vera Cruz (obra de Joaqui García)

Su guion o pendón estaba en la Iglesia de Santa María (hoy Nuestra Señora de la Asunción) donde fijan su sede. Además, se encargan de atender el humilladero ubicado a las afueras del pueblo donde estaba el Santo Cristo, al que sacaban en rogativa en épocas de pestilencia y hambruna.

El dúo Alicornio interpreta el canto de rogativa de La Pedraja dedicado al Cristo del Amparo de los apuntes del organista Luis Valle durante la jornada celebrada en La Pedraja en marzo de 2019

La vida de esta cofradía giraba en torno a tres fechas señaladas: la fiesta de la Cruz de Mayo, la Exaltación De la Cruz en septiembre y la Semana Santa.

El mayor acontecimiento dentro de la Semana Santa era la procesión de La Cena del Jueves Santo, día de gran recogimiento y que ellos mismos denominaban de las “Remembranzas de la Pasión de Cristo”. En el capítulo IX de las ordenanzas de la cofradía se describe el orden que se ha de tener en dicha procesión. Los cofrades salían desde el coro de la iglesia, el primer claro formado por los hermanos disciplinantes se azotaba al son de una trompeta que tenía la propia cofradía, y el segundo, era el formado por los denominados “hermanos de luz” cuya función era la de alumbrar. El recorrido discurría por las calles del pueblo hasta llegar al humilladero, donde se hacía la primera parada, y después se continuaba por caminos hasta los distintos cruceros que existían en su término. De regreso en la iglesia se hacía el lavatorio de las heridas, a los que se habían azotado, con vino elaborado de las propias viñas de la cofradía, y para finalizar se procedía al reparto de la colación del “molletejo”.

La Cofradía de la Octava del Santísimo Sacramento también participaba en la Semana Santa. Se encargaba de la “Fiesta de la Alegría” que se celebraba el Domingo de Resurrección. En ella tenía lugar una procesión por la mañana en la cual destacaban las mudanzas y troqueados que realizaban los danzantes delante de las imágenes procesionales. Entre los gastos principales figuran el pago al tamborilero y mozos que realizaban la danza.

Pago al tamborilero Manuel Sardón por tocar a los danzantes el Domingo de Resurrección. Libro de Cofradía del Santísimo Sacramento (La Pedraja de Portillo, año 1628)

Las cofradías del Santísimo hicieron famoso el dicho de “cuajada y baile”, porque los cofrades invitaban a los que contemplaban la procesión a sumarse a ella y sus bailes, recibiendo por recompensa platos de leche cuajada y miel.

DECADENCIA

Las cofradías mantuvieron una gran actividad hasta finales del siglo XVIII en que caen en declive debido a que los obispos comienzan a reprobar estas flagelaciones, “penitencia de las bestias” que diría Santa Teresa, siendo Carlos III quien las prohíba mediante una Real Cédula en 1777, así como todo tipo de danza delante de alguna imagen. Sin embargo, las procesiones nunca llegaron a desaparecer del todo y a partir del siglo XVIII comienza a tener mucha relevancia la figura del sacristán organista, ya que se había instalado un nuevo órgano en el coro de la iglesia conviniendo que para dicho servicio se le dotaran con las tierras de la iglesia del despoblado del Cardiel. Y sería entonces cuando surgen otras devociones populares en las que estarían el “monumento”, las carracas, y el canto de las “tinieblas” y “misereres” por curas y organistas.

El párroco D. Glicerio Hilguera y el sacristán y organista de La Pedraja Enrique Valle

RECUPERACIÓN

Hace tres o cuatro años, un grupo de jóvenes dulzaineros de la localidad, la Asociación de Cultura Tradicional Carravilla, comenzó a trabajar sobre la idea de recuperar algunas de estas celebraciones desaparecidas propias de Semana Santa y a la vez promocionar el sonido de un instrumento tan característico de este pueblo como es la dulzaina.

La materialización de esta idea ha conllevado una labor de investigación gracias a la cual ha sido posible realizar actos culturales, exposiciones, conferencias y conciertos en torno a la figura del músico tradicional y su participación en la Semana Santa, y como resultado más importante la recuperación de la procesión del Jueves Santo en 2019.

Pablo Méndez (Jimi) durante la jornada celebrada en marzo de 2019 en La Pedraja

El acto contó con la colaboración de las cofradías actuales por la importancia y relevancia que tuvieron éstas en el pasado. La gran acogida de vecinos y visitantes, a pesar de que se acortara la procesión debido a la lluvia, respaldan el proyecto de recuperación que, sin duda, continuará en años sucesivos.

Este año en el que nos vemos obligados a vivir la Pasión desde casa, es preciso pausar el proyecto pero no por ello dejar el camino iniciado. Aprovecho para reconocer desde aquí el esfuerzo de mis amigos de La Pedraja, pues si es meritorio saber conservar costumbres y tradiciones, lo es más recuperarlas cuando éstas ya se han perdido.

Fran García (dulzaina) y Jaime Vidal (piano) interpretan una marcha de procesión compuesta por Enrique Valle (Antiguo sacristán de La Pedraja de Portillo) durante la jornada celebrada en marzo de 2019 en La Pedraja
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