Los «ahumatines» y la guerra de las Comunidades

¿UN ERROR HISTÓRICO?

Desde el año 1986 cada 23 de abril se celebra la fiesta de la Comunidad en Villalar de los Comuneros, donde tuvo lugar la batalla decisiva de la guerra de las Comunidades y fueron ajusticiados los principales cabecillas de la revuelta.
Haga frío o calor, llueva o truene, una gran afluencia de público acude cada año a la campa para disfrutar de esta jornada festiva vestida con pañuelos morados y banderas castellanas.

Cómo acabó esta lucha por las libertades castellanas frente al absolutismo regio y nobiliario es una historia presente en el pensamiento de cualquier castellano. Luis López Álvarez lo plasmó en el poema épico Los Comuneros, que posteriormente haría famoso el Nuevo Mester de Juglaría poniendo música a algunos versos en el «Canto de Esperanza» (Los Comuneros, Philips, 1976). Tal vez menos conocidos sean los acontecimientos previos a esta batalla que comenzó tras el fallecimiento del Rey Fernando II en 1516, cuando Castilla entra en una crisis política, económica y social que desembocaría en la guerra de las Comunidades.

Óleo de Manuel Picolo López que muestra la rendición de los líderes comuneros (1887, Palacio del Marqués de Salamanca)

Tras el fallecimiento de Fernando, el Cardenal Cisneros asume la regencia del país hasta la llegada del nuevo rey Carlos V, momento que esperaban algunos nobles para revelarse. Por ello el Cardenal tuvo que emplearse a fondo para sofocar estos levantamientos nobiliarios. Personajes como Don Pedro Girón o Pedro Laso de la Vega, principales muñidores entre bastidores de muchos de los acontecimientos que precedieron a la revuelta comunera, fueron posteriormente acusados de traicionar a la causa. El historiador francés Joseph Pérez, quien en mi opinión mejor ha estudiado este levantamiento, asegura que éste fue precisamente el desencadenante que diese lugar a la batalla de Villalar.

Este artículo se centra precisamente en uno de esos episodios acontecidos durante la segunda regencia del Cardenal y que algunos de los cronistas de la época señalan como primer escenario de rebelión comunera: el severo castigo de Cisneros sobre una población de Tierra de Campos en el último domingo de mayo del año 1517. El licenciado Sarmiento, en nombre del Cardenal regente, incendió y arrasó el pueblo en represalia por sus veleidades comuneras. Los escribanos de esta historia ubicaron dicho suceso en Villafrades y por ello los habitantes de esta localidad han cargado a lo largo de los años con el sobrenombre de “ahumatines” o “ahumadines”.

Con el paso del tiempo la imprecisión en el nombre de la localización se ha podido convertir en un error histórico, como parece más que probable a juzgar por la serie de documentos existentes en los distintos archivos, así como los trabajos realizados por el padre Luis Fernández Martin, reconocido historiador, que certifican que el escenario del acontecimiento tuvo lugar en Villardefrades, por entonces aldea de Urueña.

LOS ACONTECIMIENTOS

Castillo de los Quijada (Villagarcía)

De las diferentes versiones que existen cito ésta, del Conde de Cedillo que describe el suceso y posterior castigo con estas palabras:

“… pleiteaba D. Gutierre Quixada, señor de Villagarcía, con la casa del conde de Urueña sobre la propiedad de varios lugares, entre ellos el de Villafrades, en Tierra de Campos. La Chancillería de Valladolid había fallado en favor de D. Gutierre y en contra de D. Rodrigo Girón, hijo de Urueña, que era el otro litigante; pero habiéndose apoderado Girón del pueblo, despachó a un juez asistido de varios ministriles que diera posesión a D. Gutierre. El joven D. Rodrigo, no sólo no obedeció la sentencia, sino que en complicidad con otros tres jóvenes amigos suyos de la más alta nobleza del reino, y con algunos vecinos de Villafrades, maltrató, apaleó y expulsó de aquel término a los ministros de la justicia, que, cargados de razón, pidieron amparo al Regente Cisneros. El atentado era muy grave y no podía quedar sin castigo. Villafrades, alborotada por los insensatos mancebos, se había puesto en estado de defensa. Era presidente de la Chancillería de Valladolid D. Diego Ramírez de Villaescusa, obispo de Málaga, hombre benigno y apacible, pero que indignado ante hecho tan insólito, aprestóse a marchar a Villafrades con bélico aparato para vengar la ofensa allí hecha a la justicia. Súpolo el condestable de Castilla, y no ocultándosele la gran irresponsabilidad en que habían incurrido los jóvenes delincuentes, uno de los cuales era hijo suyo, hízoles salir de Villafrades y acudió al encuentro del Obispo, a quien pintó el caso como inconsiderada temeridad propia de mozos, y dióse tan buena maña que le convenció para que se tornase a Valladolid sin tomar contra ellos determinación alguna. Noticioso de esto el Regente, dolióse de la blandura del prelado, hizo formar causa criminal a los revoltosos y envió contra ellos con buen golpe de gente de la Ordenanza a un Alcalde de la Chancillería de Valladolid, llamado Sarmiento, para que, como a reos de lesa majestad, los destruyera por el hierro y el fuego. Sabedores los culpados de que se iba a proceder con tanto rigor, volviéronse locamente a Villafrades, expulsando de allí a Quixada y desafiando todo el poder de Cisneros sin temor a sus amenazas. La situación del reino y la particular de Cisneros eran a la sazón muy graves, descontentos, además, como volvían a estar algunos de los más calificados y poderosos próceres. Pero el Regente no se amilanó por ello. Mediante públicos pregones hizo declarar a los insurgentes de Villafrades traidores y reos de lesa majestad, emplazándoles ante el Consejo para ser juzgados. Gran revuelo ocasionaron estas nuevas entre los próceres, que, ante el que creyeron común peligro, acordaron reunirse y aun llegaron a tener algunas juntas. En tanto el Alcalde de la Chancillería vallisoletana había sitiado a los insurgentes de ViIlafrades, apretando el cerco con cuantos medios disponía. Los rebeldes llegaron hasta a pasear irrisoriamente por Villafrades la efigie del Regente vestida de pontifical, acompañando la extraña procesión con públicos pregones y con amenazas y denuedos. El alcalde Sarmiento resolvió aniquilar a los sitiados, quienes considerándose impotentes para la defensa y no pensando ya sino en salvar la vida, lograron escapar. Sarmiento entró sin resistencia alguna en el pueblo, y para escarmiento y memoria del delito que en él se había cometido, le entregó a las llamas y arrasó sus edificios hasta los cimientos, haciendo sembrar el terreno de sal. Declaró reos de lesa majestad al conde de Urueña, a su hijo y a cuantos les habían auxiliado en su empresa, y azotó a unos y justició a otros, de los más culpables que pudo haber a mano. Voló la noticia de este castigo por todo el reino, imponiendo un temor muy saludable y sublimando más de lo que estaba en el concepto de las gentes el poder y la autoridad de Cisneros. Varios grandes emparentados con la casa de Girón, entre ellos Villena, Infantado, el Condestable y el Almirante, acudieron en queja al Regente, doliéndose de su excesiva severidad con los Girones y aun con toda la nobleza y pidiendo perdón para los delincuentes. No estaba en aquel caso Cisneros por la benevolencia. Como no faltaban representaciones que de España iban a Flandes censurando abiertamente los procederes del Gobernador, éste, por su parte, escribió detalladamente al Rey dándole cuenta de todo lo ocurrido en el asunto de Villafrades”1Conde de Cedillo. El Cardenal Cisneros, Gobernador del Reino. Madrid 1921. Pág.61-63.

Cardenal Cisneros

Los biógrafos de Cisneros como: Fray Pedro de Quintanilla2 Fray Pedro de Quintanilla y Mendoza. Archetypo de virtudes. Palermo, 1653., Esprit Flechier3 Esprit Flechier. Historia del señor Cardenal Don Francisco Jiménez de Cisneros. Madrid, 1773., Fernández de Retama4 L. Fernández de Retama. Cisneros y su siglo. Madrid, 1930., Alvar Gómez De Castro5 Alvar Gómez de Castro. De rebus gestis a Francisco Ximeno Cisneiro. Alcalá de Henares, 1569., e historiadores de la época como: Prudencio de Sandoval6 Prudencio de Sandoval. Historia de la vida y hechos de Carlos V. Pamplona, 1532. y Alonso de Santa Cruz7 Alonso de Santa Cruz. Crónicas del Emperador Carlos V entre los años 1505-1567. Madrid, 1920., identifican este acontecimiento y duro enfrentamiento entre los Téllez Girón y los Quijada con Villafrades de Campos.
Posteriormente reinciden en ello: Sebastián de Miñano8 Sebastián de Miñano. Diccionario Geográfico Estadístico de España y Portugal. Madrid, 1828., Modesto Salcedo9 Modesto Salcedo Tapia. Boadilla del Camino y sus hijos. Palencia, 1989., Pascual Madoz10 Pascual Madoz. Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid, 1850., Ortega Rubio11 Juan Ortega Rubio. Los pueblos de la provincia de Valladolid. Valladolid, 1895. , el citado Conde Cedillo, Carlos Navarro Rodríguez12 Carlos Navarro Rodríguez. El Cardenal Cisneros. Madrid, 1869., y otros más cercanos a nuestros días como José García Oro13 José García Oro. ¿Quién fue Cisneros? Barcelona, 2002. Pág. 315-316: «Los Girón que pretendían señorear en la zona, preferían los asaltos a los tratos. De hecho hubo violencias, en mayo de 1517, en Villafrades, donde Rodrigo Girón y sus satélites expulsaron al señor de la villa, Gutierre de Quesada, y el conflicto suscitó en la Chancillería de Valladolid uno de sus más encendidos procesos y desencadenó una intervención armada en la que el alcalde real Sarmiento repartió escarmientos entre los invasores de Villafrades». , José Manuel Parrilla14 José Manuel Parrilla. Una Provincia: Valladolid (2ª edición). Valladolid, 1980., Jesús Torbado15 Jesús Torbado. Tierra Mal Bautizada (4ª edición). Valladolid, 1990. o Tomás Mañanes16 Tomás Mañanes. Arqueología vallisoletana: La Tierra de Campos y el sur del Duero. Valladolid, 1979. . También el poeta local Maximino Rodríguez “Velay” o el claretiano Pablo Medina que llevó el drama a los escenarios.

Es cierto que el nombre de Villafrades está asociado a uno de los principales jefes comuneros como procurador de una de las cuadrillas que fue Pedro de Villafrades, cuya casa hizo prender precisamente Gutierre Quijada durante la famosa quema de Medina del Campo cuando se negó la Villa a entregar su depósito de artillería a los realistas.

Con un minucioso estudio de las fuentes existentes, escribí en su momento el siguiente artículo sobre este asunto en el que analizo la documentación existente en la Real Chancillería de Valladolid y el Archivo General de Simancas que apunta hacia la teoría de un error histórico notable.

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En esta entrada y otra publicada en 2012 en villafrades.net hago alusión a que los nombres y la proximidad de ambas localidades ocasiona con frecuencia malentendidos como éste que explican el extraño error que adjudicó la historia a los desde entonces “ahumatines” de Villafrades como protagonistas de tal suceso. Y es que lo relevante de un hecho histórico es el conocimiento que nos llega del mismo y por eso como señala Stefan Zweig, “quien lo narra o explica puede resultar más importante para la posteridad que quien lo llevó a cabo”. En definitiva, se trata de un caso pendiente de aclarar debidamente que alteraría esta historia tal y como nos la han contado.

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