Nicolás Martínez, un dulzainero vallisoletano del siglo XVII

La antigüedad de la dulzaina, según afirman algunos estudiosos del instrumento, se remonta a civilizaciones muy antiguas, en concreto se la asocia con aerófonos de doble lengüeta muy parecidos que se hacían sonar en Mesopotamia 3000 años a.C. 

Hasta mediados del siglo XIX, la dulzaina era casi desconocida en Valladolid. Siglos atrás, en esta ciudad, el instrumento aerófono de doble lengüeta por excelencia y hermanado a ella era la chirimía. Las primeras chirimías documentadas en los festejos populares vallisoletanos debían de ser muy cortas, dado que se utilizaban principalmente por los trovadores en espacios abiertos. Desde 1600 a 1630 el Ayuntamiento tenía su grupo de ministriles a los que pagaba anualmente su salario por asistir en todas las festividades, los toros y juegos de cañas. Este documento extraído del libro de actas del Ayuntamiento del año 1601 ordena: «…que se concierte con los ministriles el salario que será bien darles por asistir todos los domingos y fiestas del verano a tañer en el río y prado de la Magdalena donde estén tañendo de manera que gocen de la música todos los que anduvieren por dicho prado y en el sitio que señalaren hagan hacer una torrecilla donde estén tocando».

Un año después ya se ha edificado una torreta y su corredor con ventanales por todas partes, encima de la citada fuentecilla puesta a disposición de los músicos en el mencionado prado de la Magdalena. El edificio, conocido cómo Casa de las Chirimías, fue demolido posteriormente, en 1880, durante la transformación urbana que se produce en la ciudad.

Cantigas de Santa María. Wikipedia.

La pérdida de la Corte supuso un gran cambio para Valladolid, y se inició una época de decadencia, incluida la vida musical, de la que no se recuperaría hasta bastante tiempo después. Por esa época el consistorio prescinde del cuerpo de ministriles municipales y comienza a llamar a los de la iglesia de Santiago para las fiestas importantes que giraban en torno a eventos religiosos como la festividad de San Juan, San Pedro o la Magdalena. Acudían asimismo a las corridas de toros, aunque bien es cierto que, en 1622, los ministriles que estaban a las órdenes del chantre o maestro de capilla de la catedral, también tocaban en la Plaza Mayor durante esas fiestas. Amenizaban con música sacra los oficios religiosos de las iglesias o la catedral y con música profana las fiestas de diversión del pueblo. Posteriormente serían sustituidos por los clarines y timbaleros municipales.

LA DULZAINA EN LAS BODAS DEL REY CARLOS II

Entre toda esa amalgama de músicos que tocaban durante los actos institucionales y festejos populares organizados por el consistorio durante el siglo XVII aparece un curioso personaje, Nicolás Martínez, tocador de dulzaina que es enviado por el Ayuntamiento como uno más de sus embajadores para acompañar a los diputados representantes de la ciudad a la boda real de Carlos II.   El rey, conocido como “El hechizado”, se casó con la princesa María Luisa de Orleans el 11 de noviembre de 1679 en Quintapalla (Burgos). Tras el desposorio por poderes, celebrado en Fontaneblau el 31 de agosto de 1679, ambos contrayentes ratificaron su compromiso en la villa burgalesa.

Al tener conocimiento del interés real de pasar por la ciudad, la corporación municipal vallisoletana, el viernes primero de septiembre de 1679, acordó que se conociese «por los libros y cuadernos» lo que la ciudad había organizado en otras ocasiones similares y sobre todo de lo que se hizo el año 1660 cuando pasó por esta ciudad su difunto padre el rey Felipe IV.

A pesar de la crisis y el endeudamiento por el que atraviesa la ciudad en ese momento, no se escatiman gastos y se nombran seis comisarios para que se encarguen de organizar los festejos. Se programan unos grandes regocijos donde habría tres corridas de toros una de toreo, otra de cañas y una última con despeñadero al río y al puentecillo del molino de Canaleja, para lo que se compraron ochenta morlacos. Tres noches de luminarias donde no faltan los fuegos públicos y castillo gigante con galeras en el río, juegos de cañas, mascaras, danzas, mojigangas y otros regocijos. También se compraron lujosos vestidos y ropones a los regidores para el recibimiento, y se hizo limpieza y empedrado de calles, preparado de la plaza para las corridas y la rampa para el despeñadero de los toros, etc.

Boda de Carlos II de España y Mariana de Neoburgo en 1689. Biblioteca Nacional de España.

Cuando todo estaba listo y organizado (así lo reflejan las actas municipales del día 4 de noviembre) el rey decidió no pasar por esta ciudad debido al mal tiempo: “…el estar el invierno tan adentro y haber noticiado a su Magestad havia nevado en el puerto sintiendo mucho no ber a Valladolid y que daba su palabra real de que en mejorando el tiempo venir a verla”.

La decepción fue inmensa y el Ayuntamiento de Valladolid envió a los comisarios asistidos del dulzainero Nicolás Martínez y el clarín Gaspar Gómez a la villa de Aranda de Duero y otras partes, como Palenzuela, Burgos, Lerma, “o a la parte donde hallasen a su Majestad”, con cartas, en nombre de la ciudad, y “…a sus pies supliquen sea revocada dicha resolución”. La embajada acudía con la misión de besar la mano y dar la enhorabuena a sus majestades, por su feliz casamiento y tratar de convencerles de que pasasen por Valladolid a su regreso.

Aunque no se consiguió convencer al monarca, los festejos se celebraron igualmente. Sin embargo, se devolvieron parte de las telas y plumas a aquellos mercaderes que lo aceptaron.

Algunos documentos del archivo municipal, mencionan a los músicos en los pagos o listado de gastos dados por Juan Francisco de Ribera, mayordomo de propios, por la celebración de las mencionadas fiestas. Entre los pagos por allanamiento de la plaza y despeñadero al río o al puentecillo del molino de Canaleja, limpieza y empedrado de calles, compra de toros, invitación a los grandes señores a participar en los juegos de cañas, etc. hay un libramiento para el pago a la dulzaina de Nicolas Martínez, que dice así: “…Nicolas Martínez musico de dulçaina residente en esta ciudad = Digo que de orden de Vssa y sus comisarios en su nombre fui asistiendo a Vssa en el viaxe que ice a la villa de Aranda de Duero y ottras partes adar lanorabuena a su majestad de su feliz casamiento= y assimismo e asistido a todas las fiestas y corridas de toros y otros regocixos enque tenido mucha ocupación y trabaxo y astaora no se me ha dado maravedís ningunos por razón dello. Por lo cual a Vssa pido y suplico mande seme de satisfacción de lo que fuere servido que además de ser justicia. Nicolás Martínez”.

Libramiento para el pago a Nicolás Martínez, musico de dulzaina, por ir a Aranda de Duero a dar la enhorabuena a su majestad.

Asimismo, existe otro libramiento al clarín Gaspar Gómez, su compañero de viaje, de doscientos reales por la ocupación y trabajo en ir a Aranda de Duero a dar la enhorabuena a su majestad por su feliz casamiento, y por haber asistido a los regocijos organizados en Valladolid para celebrar dicho acontecimiento.

Libramiento para el pago a Gaspar Gómez, clarín, por ir a Aranda de Duero a dar la enhorabuena a su majestad.

En 1689 tras el fallecimiento de Maria Luisa, la primera esposa del monarca, los ministros comenzaron rápidamente a buscarle una nueva consorte. La elegida fue Mariana de Neoburgo debido a la destacada fertilidad de su familia ya que se trataba de asegurar la continuidad monástica. El rey quiso recompensar a los vallisoletanos de la inmensa decepción de 1679 y decidió celebrar en Valladolid su segundo matrimonio. Este acontecimiento fue mucho menos celebrado, bien porque la población se sentía defraudada por la ausencia previa de los reyes o porque había un luto reciente, ya que la anterior reina había fallecido tan solo unos meses antes. El día 4 de mayo entraba el rey D. Carlos por la Puerta del Campo acompañado de los grandes señores y animado el cortejo por unos danzantes que realizaron un par de danzas a su majestad, quienes fueron amenizados por los músicos mencionados. La boda se celebró el día 14 en la iglesia del convento de los franciscanos descalzos de San Diego, dentro del edificio del Palacio Real.

SEMBLANZA DEL DULZAINERO NICOLÁS MARTÍNEZ

La escasez de fuentes documentales que precisen los nombres de los músicos (en la mayoría de los casos solo se anota escuetamente el pago del toque sin aclarar más) hace difícil obtener datos biográficos de los instrumenteros. Todo apunta a que pudiera ser hijo legítimo de Nicolas Martínez Campuzano, un músico y criado del ayuntamiento que en 1665 tenía un salario de siete mil maravedís por ser portero y otros mil por la asistencia a las comedias. Estas cantidades, insuficientes para poder mantener a una familia, se veían incrementadas con algunos trabajos que realizaba para algunas cofradías de la ciudad “…setenta y cinco reales de las tres corridas de toros dos de la Cruz y una de la Pasión de Cristo y son de la paga de San Juan de Junio pasado año de sesenta y cinco y por verdad que los recibí lo firme en Valladolid a 22 de septiembre de …».

Su quebrantada salud le obligaba a estar postrado en cama y por ello la familia pasaba mucha necesidad suplicando la ayuda del consistorio en alguna ocasión para paliar la pobreza familiar: “…Nicolás Martínez criado de Vsa. Y su portero= Digo que yo ha muchos días que estoy en una cama pasando mucha necesidad y respecto a la larga enfermedad y ser pobre me allo con mucha necesidad por lo cual a vsa suplico se sirva demandar socorrerme con lo que fuese servido que en ello vsa ara un servicio a nuestro señor y a mí limosna”. Se le dieron la mísera cantidad de cuatro ducados como “limosna”.

Nicolás Martínez Campuzano falleció en 1674. Su hijo Francisco realizó esta nueva petición al consistorio que evidenciaba la pobreza que afectaba a su familia: “…Nicolás Martínez ya difunto criado que fue del ayuntamiento, porque el dicho mi padre falleció y pasó de esta presente vida el día ocho del corriente dejando tan pocos vienes que aún no llegan para pagar el entierro, por lo cual le suplico a vuestra alteza, se sirva de mandar se me de para ayuda de misas y entierro lo que fuere servido lo cual espero de la mano poderosa de usted que además de ser meritorio …”. De nuevo el consistorio accedió a tal petición y les concedió doscientos cincuenta reales, es decir, medio salario de los quinientos que por acuerdo tenían señalados los porteros de la ciudad.

El joven Nicolás, hijo, adquirió su educación musical con los clarines y timbaleros compañeros de su padre como Gaspar Gómez o Pedro de la Plana a los que acompañó en más de una ocasión, bien con la dulzaina o el clarín, en muchos de los regocijos que se organizan para celebrar algún acontecimiento importante y fiestas del Corpus, Magdalena, San Juan, corridas de toros, etc.

En 1688 aparece en un documento donde pasa factura del alquiler de una caballería con la que solía abrir las procesiones anunciando el cortejo. El cabildo había acordado que en todas las funciones a que la ciudad asistiere y fuere de noche, «vaya delante el clarín a caballo y se le den para que sea bien y los unos y los otros lleven caballos decentes y al recaudador o mayordomo de los propios se le haga bueno lo que importare».

Asimismo aparece en los libros de Ayuntamiento en palabras del propio músico: “…del caballo que busqué para las cuatro funciones a que asistí a tocar el clarín por ausencia de Pedro de la Plana en las que asistió en forma esta villa que fueron los de la Concepción de Nuestra Señora, de las del pasado de la de 1687 y las de San José y las de la Magdalena de la presente, deste año ochenta y ocho a razón de doce reales cada una y ayuda de buscar caballo”.

Desde los primeros años de esta década de los ochenta se había establecido la costumbre de darles también casaca, chupa y calzón para que se presenten con la decencia que corresponde a los actos públicos.

Finalmente aportamos otro documento de Nicolás que muestra lo escasamente remunerado de su oficio al tener que acudir a la caridad de los menesterosos hombres del consistorio para poder vivir. Es del año 1693: “…En las festividades que se han ofrecido a Vssa he asistido por mandado de sus caballeros A tocar el instrumento de la dulzaina para el mayor alborozo de las dichas fiestas y por esta razón y no tener salario alguno en aguinaldo de estas pascuas siempre me honran con cien reales de aguinaldo mediante lo cual pido y suplico…”

A partir de los valiosos documentos custodiados en el Archivo Municipal, este artículo pretende destacar una referencia temprana de la dulzaina en Valladolid, y especialmente rescatar la figura del humilde y desconocido dulzainero vallisoletano de la época, Nicolás Martínez.

FUENTES DOCUMENTALES: Archivo Municipal de Valladolid.