A la memoria de Saturnina Rodríguez
Cuando falleció Saturnina Rodríguez, “Satur” para los amigos, a nadie sorprendió el que incluyera la parroquia de Villafrades entre sus beneficiarios. La voluntad de la testadora era que el dinero fuera destinado específicamente a una finalidad concreta: mantenimiento y conservación de la iglesia parroquial de Villafrades y específicamente, así lo había manifestado en vida, la restauración del retablo de la Asunción.
Mucho podríamos decir sobre la figura de nuestra querida paisana y amiga, pero sin duda nos quedamos con su enorme calidad humana. Era una persona humilde, sencilla y de gran corazón. Participaba activamente en Proclade, una organización no gubernamental vinculada a los misioneros claretianos, desde donde trabajaba para apoyar a las personas más vulnerables.
Amante de la cultura en todas sus formas y profundamente unida al pueblo que la vio nacer, sentía una gran preocupación por la conservación de su patrimonio. Cada año organizaba una cena y un bingo benéficos para contribuir a causas solidarias, así como una velada poética local que siempre contaba con el apoyo y la participación de los vecinos.
Su ausencia se nota, pero su ejemplo permanece. Y ese legado, tan lleno de generosidad y amor por los demás, seguirá vivo en todos nosotros.
Satur entendía muy bien que, para garantizar la pervivencia y conservación del patrimonio local, no sólo bastan las subvenciones, es necesario el mecenazgo cultural y la participación de la ciudadanía. En su horizonte siempre estaba proteger el arte, la cultura o el patrimonio histórico de forma altruista y así evitar su desaparición.


El retablo de la Asunción es una muestra del escaso patrimonio artístico y religioso que se ha conservado en la localidad de Villafrades de las iglesias y ermitas que existieron. Es uno de los dos retablos barrocos que actualmente se encuentran en la nave del Evangelio de la iglesia de San Juan Evangelista (uno con la figura de San Ildefonso y otro con la imagen de la Asunción). Creemos proceden de la derruida iglesia de Grijas Albas. Faltan muchas piezas que fueron talladas por el maestro villadino Santiago Carnicero a finales del siglo XVII y hoy han vuelto a lucir los colores pintados por el dorador riosecano Antonio Tello en 1679.


Retablo de la Asunción antes y después de la restauración
El pasado de Villafrades está estrechamente vinculado a la religiosidad popular desde su fundación. La documentación histórica disponible confirma esta relación, especialmente en lo relativo al primer título otorgado a la población y a la designación de su patrona. En el momento de bautizar y nombrar el asentamiento, es razonable interpretar que aquellos primeros labriegos recurrieron a referentes simbólicos arraigados en su experiencia cotidiana, el pueblo de Grixas Albas. Las iglesias blancas que entonces resplandecían en el amplio horizonte de la comarca funcionaban como un marcador visual y simbólico capaz de condensar la realidad sociocultural del momento.
La elección del nombre —el pueblo de las iglesias blancas— no solo remitía a un rasgo material del paisaje, sino que también expresaba una forma particular de comprender el territorio y de inscribirlo en un imaginario religioso colectivo. Desde los orígenes, la referencia a la iglesia se integró así como un componente inseparable de la identidad local, articulando memoria colectiva, prácticas devocionales y sentido de pertenencia.
Vicente de Cadenas y Vicent, en los armoriales del Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica, dice que los de Villafrades llevaban por emblema en su escudo heráldico un cáliz, “En gules, un copón, de oro, con la Sagrada Forma surmontándolo. También lo recoge Endika de Mogrobejo: “Villafrades. Linaje castellano, probablemente originario de Villafrades de Campos (cuyo nombre tomara), pertenece al partido judicial de Medina de Rioseco y provincia de Valladolid. ARMAS: En campo de gules, un copón de oro con la Sagrada Forma surmontándolo”. Un emblema estrechamente vinculado a la tradición católica, expresión de la devoción popular de nuestro pueblo y símbolo del respeto y la fidelidad hacia el legado recibido.
Aunque muchos datos permanecen dispersos en libros, documentos y papeles, Villafrades es un pueblo con historia. Sabemos de monjes, misioneros, alcaldes, clérigos, escribanos, priores y héroes, así como de epidemias, plagas, riadas, francesadas y diversas catástrofes. También se conservan referencias a poderes para el abastecimiento de vaca fresca, «salambre», aguardiente y vino «atabernado», así como a oficios como el barbero sangrador, la herrería o el maestro de primeras letras. El pueblo llegó a contar con tres iglesias —San Pedro, Santa María de Grijas Albas y San Juan Evangelista—, dos ermitas —San Miguel y San Cristóbal— y un Priorato de Benedictinos.

Sobre todo, conocemos su profundo apego a la devoción popular. El rito regulaba una costumbre de siglos, independientemente de que lloviera o no, o de que la cosecha fuera abundante o escasa. Estas prácticas, que moldearon la historia local, permanecen hoy en gran medida desconocidas para muchos, aunque fueron sedimentándose, gota a gota, en la memoria y en el corazón de nuestros antepasados. Una comunidad devota, como lo evidencian sus testamentos y codicilos, cuyos registros permiten apreciar, como veremos a continuación, algunos ejemplos que resultan especialmente interesantes.
Según un viejo libro que comienza en 1694 y trata sobre apeos de heredades, cita a los hermanos pastores de la Cofradía de Nuestra Señora de Grijasalbas que la danzaban cada 16 de agosto al tañido del tamboril. El cura de Grijasalbas, Antonio Pérez, anota: “Los primeros sábados de cada mes se dize missa cantada en el altar de Nra Señora y otras dos misas, una el día de su fiesta y otra después el día siguiente”. El segundo día se hacía procesión de difuntos alrededor de la iglesia.
En 1797 se practican diligencias sobre extinción de la Cofradía del Rosario y agregación de sus heredades al Hospital. Nuestra Señora del Rosario cumplía con cuatro festividades: la del Rosario, Purificación, Anunciación y Natividad de Nuestra Señora.1En visita de 1787 dice el cura Manuel Maroto que en su parroquia hay una cofradía con el título de Nuestra Señora del Rosario y da cuenta del modo de proceder que tienen los hermanos. “en este pueblo hay muchas cofradías cuya administración es embarazar a los vecinos sin que de ello aparezca utilidad temporal ni espiritual. La extinguió S.I. perpetuamente y aplicó sus rentas al hospital. Luego rectifica y manda que se arreglen los cofrades y continúe la cofradía y que el párroco lo haga obedecer volvió a continuar unos dos o tres años pero sin sujetarse a cuentas y por último a cesar enteramente, “El cura párroco de esta villa certificó que al ofertorio de la misa popular que se celebre este día hace saber al pueblo la extinción absoluta de la cofradía del Rosario”. Dice el cura que de algunos años a esta parte sus cofrades no han querido ni quieren cumplir con lo espiritual que es el fin a que se instituyó dicha cofradía y lo que es más ni aun de reconocer a mi como tal párroco y superior para los actos y acuerdos de dicha cofradía practicando dichos cofrades de su espotísmo llegando a tanto su atrevimiento que las heredades que tiene dicha cofradía que con título de Aniversarios se las quedaron entre sí y no se ha verificado que se hayan. Año 1797. Diligencias practicadas sobre extinción de la Cofradía del Rosario y agregación de heredades al Hospital. sujetado a dar cuenta y razón de sus productos ni de sus caudales estando de por cumplir otras misas y demás piadosos. (f 59 a 63).
Día de Santa Brígida (primero de febrero). “misa cantada da la villa quatro reales de limosna y es día de fiesta por Voto que hizo por averse ynundado el lugar con una riada mui grande el año 1708. Se da de limosna a los pobres treinta panes, la cual memoria se dize dexo una mujer llamada María Nuñez”… “Se hizo procesión alrededor de la iglesia y a la entrada de ella están puestos de dos en dos treinta panes cocidos de a dos libras y media cada uno los que se bendijeron por el párroco y acabado dicha misa por los Regidores y Procurador General se dan a cada vecino mozos solteros y muchachas un “zoquetillo” y en la iglesia a las mujeres y los que sobren se reparta entre los vecinos pobres”. Dejó para su seguridad todas sus heredades.
Día de los bienhechores, el 25 de abril (San Marcos), misa cantada y responso rezado por Diego y Antonio Veneytez, fundadores del Monte Pio que todos los años se reparte entre los vecinos según su fundación. Dícese en sus casas que son las de la Capellanía de Misa de Alba, asistiendo todos los vecinos. “Un veinticinco días del mes de septiembre de mil seiszientos y treinta y nueve años murió Diego Veneytez el Viexo vº que fue desta villa de Villafrades el qual por clausula de su testamento mandó que de su hazienda se sacasen zinquenta cargas de trigo con las quales se fundase un Montepío el qual se repartiese entre todos los Vezinos de esta villa el día de Todos los Santos de cada año para sembrar a los que tuvieren necesidad. Después de misa que se ha de aplicar por el dicho y todos los vecinos se fuese a su casa y se le dixese un responso. Dexo por patronos de este Montepío al cura que es o fuere, a los Alcaldes y Rexidores y a Santiago Veneytez su hermano y que se comprase un libro de quentas y razón todo lo que fue así asentado”.2Quedó clausula expresa en su testamento que el señor obispo lo tuviese por bien hecho y aprobase de cuya aprobación consta por cuanto fue aceptado de la justicia regimiento de esta villa y procurador general de ella que al presente lo eran alcaldes ordinarios Gaspar Herrador y Juan de Madrigal y regidor Luis de Escobar y Santiago Blanco por sí y en nombre de todos los demás vecinos. Con carga y condición que en cada un año se le dijese una misa cantada el día de San Marcos y que se diese de limosna al cura y beneficiado de la iglesia parroquial de esta villa ocho reales. Hoy se cumple y se ejecuta de la misma manera.
Antonio Beneitez que murió en ocho días del mes de mayo del año de 1686, agregó por cláusula de su testamento a este Montepío con las condiciones antecedentes en el puestas otras veinticinco cargas de trigo el cual hoy es de setenta y cinco cargas de trigo con las de arriba. Panera, apease así mismo por propio de este Montepío una panera que está dedicada para el recogimiento de los granos prestados según las condiciones y cláusula de su fundador que está a la calle del Santo Cristo de la Cruz que linda con la dicha calle y la capilla.

Santa Cruz de mayo: Misa cantada y responso por Diego Pastor, miembro del Santo Oficio de la Inquisición, y su mujer. Dejó para la cofradía unas casas que eran y son la capilla y sala del Sto. Xpto que tiene dicha cofradía lindero casas de Andrés Pastor y de Ana Herrero (Capilla del Cristo).
San Roque y San Sebastián (ambos protectores contra la peste): San Roque, vieja devoción, ocupa ahora un sitio de honor en la iglesia. Procesión general que paga la villa es fiesta de guardar por voto que tiene echo la villa. Ya existía en 1714. Se acuerda profesar coincidiendo con una de las epidemias que azotaron a la villa unida a una plaga de langosta que destruía los campos. San Sebastián tenía altar y cofradía de los santos Fabián y Sebastián.
Dia de San Esteban por Manuel del Pino, canónigo, chantre y después deán de la catedral de Valladolid.
Vínculo de Juan Cándamo y ofrenda del paño: Día de Santo Tomás. Juan Candamo fue alcaide de la villa de Trigueros y su valle. Enterrado en la iglesia de Santa María de Grijasalbas y en su testamento manda: “me hagan honras y cabo de año en esta villa. Para las honras todos los clérigos de la villa con los que de fuera pudieran juntar hasta veinte clérigos, y haya algún fraile y den de comer hasta cuarenta pobres de la dicha villa que más necesidad tengan. Para el cabo de año misa de clérigos y a otros cuarenta pobres repartan una carga de trigo masado en panes que hubiere en ella dando a cada uno según su necesidad y con cada pan ocho maravedíes para carne”. “Item mando que a las vísperas como a la misa del día de Santo Tomé busquen cuatro pobres para que lleven las hachas a la iglesia y la ofrenda, vayan vestidos aquel día cuando llevaren la ofrenda del paño que cueste a cinco reales la vara que sea de pardo de Vuriel y haya en cada vestido de pobre seis varas y se lo den echo de esta manera capotes y zaragüelles y calzones hasta do llegaren… y les den a cada uno una camisa de estopa todo esto hecho por amor de Dios y que esté hecho aquel día todo esto en cada un año para siempre jamás”.

Santa Marina y el reparto de los molletejos. Ya existía en 1575. Se celebraba como Voto de Villa. Aniversario por el alma del vicario Diego Martínez. “Dase aquel día de limosna a los pobres quince celemines de molletes».
Día de San Juan Evangelista y el arriendo de las heredades. Se subastaban las tierras de la iglesia entre los vecinos que opositaban, dando cuenta de 12 cántaros de vino, y algunas fanegas de castañas con anís.3“Item gasto en azer al vecindario de las caridades de la iglesia en tres días que se tardó en arrendar en castañas que se dieron a los vecinos desta villa a vino,costumbre suyos de castañas a veinticutro reales y una fanega en dieciocho que se trajeron de Medina de Rioseco en que entra con la asadura, anis y sal y lo necesario en todo”. En el año 1607 “tresmil seiscientos y setenta y dos maravedís que costaron seis fanegas de castañas para el arrendamiento de las heredades de la igkesia. Item..a los de “frescabalga” y a los que trajeron de Villada. Item ocho reales en ir por las castañas. Item setenta y seis maravedís de anis para la colación las dichas castañas y unos cuarenta y seis la sal para cocer. Item se gastó en leña para cocerlas dichas castañas cuatrocientos setenta y seis maravedís”: A.P.VI. Carpeta 3, año 1606.

Podríamos seguir hablando de la capilla y camarín de los Herreros en Grijas Albas (pleito de 1641), o de la de los Intivaez (pleito de 1677), donde se enterraban los miembros de estos linajes, entre otros muchos ejemplos.
Hay un refrán que dice: “Agua pasada no mueve molino”, y es cierto. Sin embargo, gracias a los documentos y testimonios que han llegado hasta nosotros podemos reconstruir nuestra historia y comprender cómo han evolucionado nuestras tradiciones a lo largo de los siglos. Es importante, por ello, citar y referenciar las fuentes que alimentan nuestra memoria colectiva, pues cada dato conservado es fruto del trabajo y la dedicación de quienes lo registraron.
En historia no existen pueblos pequeños: algunos han sido estudiados con mayor detalle que otros, pero todos han dejado huella. Solo es cuestión de acudir a los archivos, abrir los libros y dedicarles tiempo y trabajo. Allí, en esas páginas silenciosas, late la memoria de quienes fuimos y el origen de lo que seguimos celebrando hoy.
