Los músicos

Primeras reseñas de tamboriteros y maestros de danza en la provincia de Valladolid y Tierra de Campos palentina

Hasta mediados de la última década del siglo XIX, no comienzan a aparecer las dulzainas como instrumentos de acompañar a los danzantes y anteriormente se les suele asociar con el tamborilero que tocaba el pito de una mano y tamboril, siendo raras las excepciones en las que aparece alguna chirimía amenizando procesión de danzantes, y por el contrario es más frecuente ver al propio tamborilero acompañarse del salterio.

En 1545 Pero Alonso, tornero, prepara una danza para el día del Corpus en Valladolid y se le advierte de que ha de llevar salterio y no tamborino. Julián del Prado, tamborino, vecino de Ciguñuela, se comprometió con los mozos de Simancas a tocar todas las fiestas del año y a tañer para «danzar» y «bailar», por cincuenta y siete reales, dándole de comer y beber, pero como al parecer no les gustaba repetir y preferían repertorios nuevos, estos mismos contratan un año después a Jorge de las Heras, tamboritero de Laguna para lo mismo incorporando el salterio.

Solamente hemos encontrado una anotación en la que no figura el tamborilero y es en una reseña de Medina de Rioseco de últimos del siglo XVI que describe una procesión de danzantes amenizada por atabales y clarines:

«La gomia, los zaharrones, los apóstoles, gigantes, enanos y danzantes, monstruos y grotescos los unos, vistosamente engalanados los otros, estos con andar reposado y grave, los demás troqueando, haciendo lazos ingeniosamente combinados y bailando graciosamente al compás de tamboriles y vihuelas; los sones de atabales y clarines, los acordes de la música traída de Valladolid o del colegio de Villagarcía, provocan un alborozo indescriptible que a todos se comunicaba, sin saber en él nada que desdijese de la solemnidad de la fiesta».

Primeramente quienes llevaban el adiestramiento de los danzantes eran los propios tamboriteros que les iban enseñando todas las danzas que conocían y que formaban una especie de compañía o sociedad con los danzantes para ir a danzar a los distintos lugares que lo pedían, llevando entre ellos alguno que supiere el «zapateado» que era muy demandado. Frutos Casado, maestro de danzas, aparece amenizando la procesión del Corpus de Medina en 1624 tocando caja y salterio.

En Guaza de Campos en 1626 cuatro mozos en nombre de los demás contratan con Sebastián Salvador, tamborino de Frechilla, para que enseñara a bailar a los mozos por espacio de un año, todas las fiestas y domingos, dando lecciones en las que entrarían los bailes públicos, en la sala de la villa o en otra parte. Cada domingo y día festivo, le darían de comer por turno y el que no lo hiciere pagaría real y medio. Tocaría el día del Corpus y otro a elegir, pagándole la cofradía. También tocaría el día de San Luis sin cobrarles nada, ya que lo pagaba el marques don Luis de Zúñiga. Los domingos terceros de cada mes, en que se decía la misa del Santísimo, daría dos vueltas por las calles del pueblo, tocando la caja o el salterio para avisar a los cofrades. No podía tocar ningún baile a persona alguna sin licencia de los cuatro mozos que le contrataron y tampoco podía sacar moza alguna al baile, pena de un real cada vez. Por todo ello, recibía de los mozos seis cargas de trigo y, por cada domingo o día de fiesta que faltare, pagaría ocho reales.

También en Guaza en 1703 Pascual López, maestro tamborino, se obliga a servir a varios mozos del pueblo, con su oficio de tamborino por un año a partir del día de Pascuilla, tocando el baile los domingos y festivos y dando vueltas por las calles públicas por las mañanas de dichos días. Tendría libres seis días de fiesta a elegir por él, para desplazarse a otros lugares siempre que no fuere Pascua de Resurrección, Nuestra Señora de Agosto y el Santo Cristo. Recibiría por ello seis cargas y media de trigo, y por cada día que faltare pagaría una fanega.

En el año 1740 en el pueblo de Villarramiel el tamboritero Manuel Sánchez Villega cobraba veinte reales de vellón por tocar a la danza la víspera y día de San Bartolomé  y en Villalón en 1752 Lucas de la Cuesta que además de ser «voz del pueblo» o pregonero es tamboritero y dice ganar al año doscientos reales con su oficio de músico.

Tamboriteros, dulzaineros y orquestas en Villafrades

Muy similares son los datos existentes sobre Villafrades, a partir del siglo XVII, en el año 1612 ya se asienta un pago e mil doscientos un maravedíes por tocar la música, o este otro de 1613 en el que se paga al tamboritero por tocar la víspera de Nª Sª de Agosto a la vigilia. Anotaciones similares se van sucediendo a lo largo de los siglos XVI y XVII por ejemplo en el año 1738 según la Toma de Cuentas de la Fábrica y siendo Alonso Ayala su Mayordomo se contrata al tamboritero: «Tamboritero: veinticuatro reales de vellón que se llevó el tamboritero el día de la fiesta».

Documento de pago a tamboritero. Año 1738.

Hemos de señalar que los músicos son los que dan vida a la fiesta y hasta mediados del siglo XIX, solo había un «tamboritero» que se acompañaba con una flauta de tres agujeros, fabricada por los pastores, que tocaba el mismo, acompañando a unos danzantes ataviados con «sarteles» de cascabeles, que solían alquilar para la ocasión, y que ceñían a las piernas como acompañamiento musical, lo que hacía mas sonoros los pasacalles. A partir de la fecha señalada aparece la dulzaina, como lo confirma un censo de la vecina localidad de Cuenca de Campos de 1835 en el que figura un tamboritero y un dulzainero y comienzan a desfilar una serie de sagas o familias que amenizan la danza y los bailes de los tres días de festejos, si bien su función disminuyó con el paso de los años prescindiendo de sus servicios para verbenas y colaciones dedicándose exclusivamente a procesión y pasacalles de acompañamiento. También participaron activamente en la misa y canto de la salve que eran acompañadas por dulzaina. Como se requiere de ellos que tengan un amplio conocimiento del repertorio tradicional local, estos siempre fueron verdaderas instituciones y sucedieron consecutivas generaciones, que fueron  y son excelentes conocedores del folklore villafradeño.

Hoy día algunos ancianos recuerdan con cierta nostalgia a nuestro paisano y zapatero remendón Natalio Cuadrado «Tío Natalio” capaz de hacer hablar el tamboril según ellos, que fue habitual compañero del «Tío Simón» además de en la fiesta de Villafrades, en Gatón, Guaza de Campos y la gran mayoría de pueblos de la zona.

Con no menos nostalgia se recuerda a «Ginio», no precisamente por su destreza con la dulzaina sino por su simpatía, al que incluso se le llegó a sacar un refrán muy popular que decía así:

«La torre de Boada
se está cayendo
«Ginio» con su clarinete
la está «susteniendo»»

Tío Natalio con danzante de Gatón

«Ginio» era el herrero de Boada, nacido en Villafrades que aún no siendo muy diestro con el clarinete, era muy solicitado para amenizar las fiestas de cofradías. También para estas fiestas venían con mucha frecuencia, sobre todo la de San Roque, unos dulzaineros de Capillas conocidos por el apodo de «Los Cabezorras» (Emiliano y Miguel Sánchez). Así mismo hemos de mencionar al Tío Demetrio, el sacristán, que amenizó con su clarinete todas las bodas villafradeñas de principios de siglo y ayudaba en los ensayos.

Como dulzaineros y tamborileros que amenizaron la fiesta hubo verdaderos artistas que fueron institución durante años, destacando sobre todos Martín de la Rosa «Tío Martín» y su hijo Simón de la Rosa «Tío Simón» que amenizaron las fiestas a dos dulzainas desde mitad del siglo XIX llevando como redoblante al menor de la familia Agustín de la Rosa. De esta famosa y pionera familia de dulzaineros de Villarramiel tenemos noticias a través de los escritos de Maximino Rodríguez Herrero «Velay», poeta local que llegó al sentimiento popular con sus escritos y apuntes sobre las costumbres y tradiciones de la villa en el siglo pasado. Así nos los describe Maximino en su libro Villafrades de Campos. «Este es mi Pueblo»:

Ahí están el Tío Martín
o su hijo Simón pareja
que tocando la «dulzaina»
no admiten la competencia:
de redoblante va un niño
guapo mozo y faz risueña
hijo de aquel dulzainero
que este año a tocar comienza:
este chico es Agustín…
…………………………
La fama del dulzainero
no tuvo la recompensa
que merece: su dulzaina
canta, ríe, llora, suena
como si los propios Ángeles
Arpa celestial tañeran:
el arte del Tío Martín
no tuvo par en su tierra.

 

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"Tío Natalio" y "Tío Simón"

Les sucedió un no menos famoso y excelente dulzainero Juan Cuevas Gago «Galindo», que tocaba de zurdas, acompañado por su hijo Benito al tamboril, ambos naturales de Villada, asiduos desde los años treinta hasta 1948, con un intervalo de tres años que estuvo preso durante la Guerra Civil, tras los que apareció cojo, enjuto y la tortura reflejada en su rostro, pero fue en esta etapa posterior a su cautiverio cuando más deleitó con su dulzaina dejando impresionadas a las gentes con el excelente sonido que salía de su dulzaina. Este gran dulzainero, músico en toda regla,  pues además era el director de la banda de su pueblo y cuentan de él que formando parte de la Banda de San Quintín de Valladolid consiguió sacar notas en la corneta que ningún otro había podido lograr. También acompañó a los danzantes de Villafrades en la romería de San Isidro de Valladolid y en los concursos de arada.

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Juan Cuevas "Galindo" y su hijo Benito.

Le sustituye Mariano Gutiérrez “Calcón” (1902-1996) natural de Mazariegos de Campos (Palencia) y residente en Pedraza de Campos (Palencia), apodado «Tío Calcón». Éste empieza a ir a Villafrades acompañado de sus hijos Enrique (a la caja) y Ricardo (al bombo) para tocar el día de San Isidro y posteriormente son llamados por Domiciano (el alguacil) para amenizar tanto el baile de  la función (fue el primero que introdujo la orquesta para el baile de la verbena) como la procesión el día de la fiesta. Durante unos años (1949 a 1956) fueron los encargados de tocar además de la fiesta en un par de cofradías y de acompañar al grupo de la Sección Femenina.

Los "Calcón"

Esporádicamente participaron en alguna ocasión los Hermanos Valverde (1939) naturales de Villafrades; el «Tío Neris» un dulzainero palentino vinculado a Villafrades y componente de la banda de Villalón y otros como el “Tío Fausto” de Palacios de Campos, Felicísimo Rodríguez, Dulzaineros de Santas Martas, Victorino Amo, famoso dulzainero de Traspinedo que además era ciego y Esteban Guzón «el Barato» de Villaumbrales.

Hay que destacar también el papel que han jugado las orquestas sobre todo a partir de los años 30 en que se estilan este tipo de bandas que  empiezan a personarse en Villafrades en los años 50, aunque no participan en la procesión hasta los 60 y debido a la escasez de dulzaineros se recurre a ellos hasta casi finales de los 80. La primera orquesta que se incorpora a la procesión es en 1960 (Orquesta Poker de Valladolid) y seguidamente Orquesta Los Olmos, Orquesta Llamazares, ambas de León, Orquesta Castilla, Orquesta Mambo y Los Hispanos de Mayorga.

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Orquesta Poker (1960)

Algunos años, debido al desconocimiento de éstas del repertorio tradicional se daba el hecho de “echar” los lazos cantados por algún nativo o incluso con reproducciones fonográficas. Pese a todas estas dificultades la pureza de la danza se ha mantenido a lo largo de los años debido al tesón y al fervor con que la gente de este pueblo se aferra a sus tradiciones.

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Decadencia de. la dulzaina, años 80 (casete en la parte inferior derecha)

En el año 1989 un experto dulzainero como es Elías Martínez Muñiz (Villanubla) se persona y hace una recopilación de todo el repertorio musical y acude inicialmente acompañado a la caja por Eloy Velasco Gómez (Villanubla) que formaban el dúo “La Charambita”.

A partir del año 1997 le acompañan a la percusión: Pablo Senis Sanz (Viana de Cega), Miguel Ángel Martínez (Matapozuelos), Raúl Llorente Pérez (Viana de Cega), David Núñez Medina (Viana de Cega) y Mónica Supiot (Valladolid). La Charambita continúa actualmente amenizando la fiesta.

Cabe destacar que desde el siglo pasado hasta hoy son fundamentalmente cuatro las sagas de dulzaineros que se han encargado de mantener viva la fiesta: de la Rosa, Galindo, “Calcón” y La Charambita, con la cual se han sentido identificados y han repetido año tras año lo que ha contribuido también a que la parte musical haya tenido una fiel y feliz continuidad.

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La "Charambita" (resurgimiento de la dulzaina en los 90)
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