
Un año más queremos poner en valor la importancia que tienen para nosotros los archivos como memoria y como sustento fundamental para reconstruir la historia de los pueblos. En ellos se custodian registros y escrituras públicas, documentos vitales que de otro modo se perderían. Allí se hacen accesibles a los ciudadanos y a los eruditos archivistas, buscadores de fondos documentales.
Cada declaración, cada firma y cada folio de escribano conservado nos acerca un poco más a quienes nos precedieron. Estos documentos permiten entender el origen, la evolución social y el patrimonio de la comunidad, así como aquellas tradiciones y costumbres que forjaron la identidad local.
Escenas de actos sociales, como el baile de los mozos, del que ya dimos cuenta en otra entrada de este blog, cobran sentido gracias a esta memoria escrita que preserva lo que el tiempo podría borrar.

También podemos encontrar un rico patrimonio de nuestra indumentaria tradicional: prendas de vestir, calzado y ornamentos del valioso ajuar de la mujer campesina de esta tierra castellana, así como las vestiduras y ornamentos litúrgicos utilizados por los sacerdotes en las celebraciones religiosas.

En estos folios envejecidos por el tiempo también está la huella de nuestros antepasados, visible en las concordias y amojonamientos que establecían con las poblaciones vecinas. Eran acuerdos de armonía o conformidad respecto a límites, propiedades y derechos vecinales históricos que regulaban la buena convivencia.

Gracias a piezas como las que aquí mostramos podemos reconstruir la historia de nuestro pueblo a partir de las fuentes primarias conservadas en los archivos. Se trata de materiales originales, de primera mano y sin alteraciones, generados en el mismo momento histórico en el que ocurrieron. Para comprender la esencia de una comunidad, no hay mejor camino que volver a sus documentos.

